La historia de un ciudadano ecuatoriano que viajó a Europa en 1996 para descubrir sus raíces y pasó por el Empordà, sigue generando interrogantes tres décadas más tarde. Su mochila de viaje fue localizada hace poco más de tres años por miembros de la entidad excursionista Gas Mountain dentro de un antiguo molino en Biure, donde había permanecido oculta durante décadas.
Este descubrimiento inició una investigación inesperada sobre un viaje, una identidad y una desaparición llena de preguntas sin respuesta. Entre los primeros interesados se encontraba un ingeniero jubilado de Figueres, quien decidió investigar el caso tras ver la publicación del hallazgo en las redes sociales de la asociación.
Dentro de la mochila se encontraron documentos, notas y pistas de un hombre extranjero que había estado en la zona a mediados de los años noventa. A pesar del paso del tiempo y la humedad, el contenido estaba intacto y revelaba la identidad del propietario, un ecuatoriano de 36 años que el 18 de octubre de 1996 había dejado un mensaje escrito a mano, indicando que había venido a buscar sus raíces en España y que regresaría a recoger la mochila. Después de eso, no había más rastro.
La investigación inicial fue minuciosa, incluyendo la revisión de artículos de prensa antiguos, el envío de cartas al extranjero, consultas a consulados y numerosas llamadas y correos electrónicos. Poco a poco, se fueron encajando algunas piezas del rompecabezas. El hombre había llegado a Europa desde Sudamérica, pasando por París, donde se inscribió en un curso de francés en Saint-Malo. Luego visitó centros budistas cerca de la capital francesa y en la zona de Niza. Finalmente, cruzó Francia haciendo autostop hasta llegar a Cataluña. Un mapa encontrado entre sus pertenencias mostraba destinos marcados a mano como Barcelona y Sant Cugat, antes de que su rastro se perdiera.
La mochila quedó abandonada en el molino y su propietario nunca regresó a buscarla. Años más tarde, el consulado de su país confirmó que el hombre había fallecido quince años después de los hechos. Sin embargo, la información se detuvo ahí, sin contacto con familiares ni posibilidad oficial de devolver los objetos personales. El objetivo era hacer llegar sus pertenencias a la familia y cerrar la historia, pero las cartas enviadas a posibles parientes en varios países no obtuvieron respuesta.
Tres décadas después del viaje, la mochila ha vuelto a despertar interés. Una nueva publicación en las redes sociales de Salines Bassegoda ha reactivado la memoria colectiva. Gracias a esto, una mujer originaria de Terrades, que actualmente reside en Ecuador y es profesora universitaria y arqueóloga, ha comenzado a colaborar para intentar seguir el rastro familiar del viajero.
Este caso, que comenzó como una curiosidad local, podría convertirse en una investigación internacional sobre identidad, migración y memoria personal. La mochila, aún en su lugar, se mantiene como testimonio de un viaje inacabado.




