El documental DANCE: Generations, dirigido por Dawn Gifford, narra el viaje de un grupo de danza de Llançà que, inicialmente, preparaba una coreografía como regalo para la madre de su profesora, Liliane Augé. La actuación prevista en la isla francesa de Oléron se convirtió en una exploración de la memoria histórica, la amistad y la superación personal.
La producción, que ha obtenido el primer premio a Mejor Corto Documental en el festival Milan Gold Awards y otro reconocimiento en el festival New York Movie Awards, ha sido seleccionada en certámenes en ciudades como París, Toronto o Los Ángeles. Durante los preparativos del viaje a Francia, las bailarinas descubrieron una conexión inesperada con la historia local: el mismo recorrido que ellas harían fue el realizado por muchos niños refugiados de la Guerra Civil Española que pasaron por la colonia de Can Marly antes de ser trasladados a la isla de Oléron.
Dawn Gifford Engle, activista por la paz, cineasta documental y educadora estadounidense, es la mente detrás de este proyecto. Conocida por conectar jóvenes con Premios Nobel de la Paz a través de la PeaceJam Foundation, Gifford ha encontrado en Llançà un entorno que, a través de la danza, aborda temas como la memoria, la amistad y la dignidad humana.
La directora explica que fue la propia Liliane Augé quien impulsó la investigación sobre los niños refugiados. A medida que el proyecto avanzaba, las participantes comenzaron a recuperar recuerdos familiares ligados a la guerra y la posguerra. Gifford considera que es un momento crucial para hablar de estos acontecimientos para evitar la repetición de errores históricos como guerras o discriminación.
El documental se grabó casi íntegramente con un teléfono móvil, lo que le confiere una gran intimidad y cercanía. A pesar de su trayectoria internacional, esta es la primera vez que Gifford asume las funciones de directora, guionista y responsable de la grabación de un proyecto propio. El éxito internacional, según la directora, radica en su capacidad para hablar de temas universales como la vida, el dolor, la amistad y la sabiduría de las personas mayores, conectando con el público en tiempos de caos global.
Más allá de los premios, Gifford destaca la transformación del grupo de danza, que ha pasado de ser una clase a sentirse como una familia. Esta mezcla de danza, memoria y comunidad ha convertido una pequeña historia de Llançà en un relato capaz de emocionar a espectadores a nivel mundial, demostrando que las grandes historias no siempre requieren grandes capitales ni presupuestos.




