El último templario de Sant Pere del Gaià se refugia en Santes Creus

La historia narra cómo el último miembro de la orden del Temple encontró protección y paz en el monasterio de Santes Creus.

Imagen genérica de una ermita catalana con un monasterio al fondo.
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Imagen genérica de una ermita catalana con un monasterio al fondo.

La leyenda del último caballero templario, perseguido por la Iglesia y la monarquía francesa, narra su vida oculta como ermitaño en Sant Pere del Gaià y su final en el monasterio de Santes Creus.

La historia de la orden del Temple, marcada por la persecución del papa de Roma, el Santo Oficio y el rey de Francia, llevó a muchos caballeros a la muerte. Sin embargo, gracias a la protección discreta del rey Jaume II el Justo, algunos templarios lograron salvarse, ingresando en el monasterio de Santes Creus bajo identidades falsas. Con ellos, llegaron reliquias y tesoros que habían custodiado durante siglos.
Entre estos caballeros, uno mantuvo su identidad secreta hasta el final: el último ermitaño de Sant Pere del Gaià. Protegido por el monarca y los monjes de Santes Creus de la Santa Inquisición, este ermitaño continuó practicando la regla del Temple en la clandestinidad. Los pocos monjes que tenían contacto con él le informaban periódicamente: "Todo va bien, padre abad. Lo hacemos pasar por ermitaño anacoreta. Vive solo. Se dedica a orar. A contemplar. A hacer penitencia. Hace vida de santo, padre abad."
Cuando se encontró cercano a su muerte terrenal, el ermitaño expresó su deseo de hacerse monje en Santes Creus. "Estimado abad, soy el último caballero templario. Agradezco que me hayan permitido quedarme todos estos años en la ermita haciendo lo que hacían mis hermanos. Pero ya no tengo fuerzas para continuar. Ahora querría venir a vivir a Santes Creus", manifestó.
Así fue como el último templario abandonó la ermita de Sant Pere del Gaià. Según la leyenda, el día de su muerte, un potente rayo celestial surgió de su cuerpo, visible en muchos pueblos de la comarca. Los vecinos lo interpretaron como una señal divina: "¡Mirad, mirad! ¡Una luz milagrosa sale de Santes Creus y va a parar a la ermita de Sant Pere!" "Eso es la señal de cuando muere un santo." "Dios sea el buen ermitaño que vivía en Sant Pere. Ya era muy viejo y quiso acabar de pasar sus días en Santes Creus."
En homenaje al último caballero templario, numerosos comarcanos iniciaron una procesión hacia el monasterio, haciendo una parada previa en la ermita de Sant Pere.