La situación ha sido especialmente crítica durante la madrugada de este sábado. A pesar del confinamiento recomendado inicialmente por los Bombers, muchos residentes han decidido marcharse ante la visibilidad de las llamas, que en algunos casos han llegado a tocar jardines y marcos de ventanas de las propiedades.
Cerca de 150 personas han sido acogidas en el pabellón municipal, mientras que otros vecinos han optado por quedarse en sus parcelas intentando remojar los alrededores para frenar el avance del fuego. La incertidumbre sobre la evolución del incendio ha generado un dilema constante entre la seguridad de huir o la voluntad de proteger las viviendas.
Uno de los problemas añadidos que han denunciado los afectados es la presencia de cableado eléctrico en la vía pública que, según los vecinos, no ha sido desconectado. Esta situación supone un riesgo de electrocución que dificulta las tareas de extinción de los equipos de emergencia e impide el acceso a algunas propiedades.




