Esta realidad también está cambiando la forma de plantear los edificios industriales. Ya no basta con diseñar una nave pensando únicamente en las necesidades actuales. Cada vez es más importante valorar aspectos como la rapidez de ejecución, la flexibilidad interior o la posibilidad de ampliar las instalaciones en el futuro.En este escenario, la industrialización de la construcción y los sistemas estructurales prefabricados están ganando protagonismo. El objetivo es trasladar una parte cada vez mayor del trabajo desde la propia obra hacia entornos industriales más controlados.
La nave industrial como herramienta para el crecimiento de la empresa
Una nave industrial no es únicamente el edificio que acoge una actividad. Su diseño puede influir directamente en la organización y la eficiencia de la empresa que trabaja en ella.En este escenario, la industrialización de la construcción y los sistemas estructurales prefabricados están ganando protagonismo. El objetivo es trasladar una parte cada vez mayor del trabajo desde la propia obra hacia entornos industriales más controlados.
La distribución de las líneas de producción, los recorridos de mercancías, la ubicación de la maquinaria, las zonas de almacenamiento o la circulación de vehículos y trabajadores dependen en gran medida de las características del espacio disponible.
Por ello, las necesidades de una empresa logística pueden ser muy diferentes de las de una compañía dedicada a la fabricación.
Incluso dentro de un mismo sector existen diferencias importantes. Algunas actividades necesitan grandes superficies diáfanas, mientras que otras requieren diferentes alturas, puentes grúa, zonas técnicas o espacios específicamente preparados para maquinaria pesada.
El edificio industrial debe responder a estas necesidades desde la fase de diseño.
Construir más rápido también tiene un valor empresarial
El plazo de ejecución es otro factor cada vez más relevante.
Cuando una empresa decide ampliar sus instalaciones o construir una nueva planta, normalmente hay una necesidad empresarial detrás: aumentar la producción, disponer de más capacidad logística, abrir una nueva línea de negocio o trasladar determinadas operaciones.
Cada mes que pasa hasta que las nuevas instalaciones están operativas puede afectar a esta planificación.
Esto ha impulsado el interés por sistemas constructivos que permitan reducir determinados trabajos realizados directamente sobre la parcela.
En lugar de fabricar todos los componentes en la propia obra, una parte importante de la estructura se puede producir previamente en instalaciones especializadas mientras se desarrollan simultáneamente otros trabajos sobre el terreno.
De esta manera, diferentes fases del proyecto pueden avanzar en paralelo.
De construir en la obra a montar componentes
La industrialización está modificando progresivamente el funcionamiento tradicional del sector de la construcción.El principio es relativamente sencillo: trasladar hacia entornos industriales aquellos procesos que se puedan ejecutar previamente bajo condiciones controladas.
En el caso de las estructuras metálicas, los perfiles se pueden cortar, perforar, soldar y preparar antes de llegar a su ubicación definitiva.
Cuando los elementos llegan a la parcela, buena parte del trabajo previo ya está realizado y el proceso se centra en el montaje siguiendo la planificación establecida.
Este cambio requiere una mayor definición durante las fases iniciales del proyecto. Dimensiones, perfiles, uniones y otros componentes deben quedar correctamente establecidos antes de iniciar la fabricación.
A cambio, se obtiene un proceso en el que existe un mayor control sobre numerosas variables.
El auge de los sistemas preingenierizados
La evolución de los procesos de cálculo, diseño digital y fabricación ha favorecido el desarrollo de sistemas estructurales específicamente pensados para edificios industriales.
Los sistemas preingenierizados parten de una estructura calculada según las características concretas del proyecto y posteriormente fabricada en instalaciones industriales para su montaje en obra.
Esto no significa necesariamente trabajar con edificios idénticos o con dimensiones cerradas.
La estructura se puede adaptar a factores como la superficie necesaria, la altura, las cargas previstas, el emplazamiento o la actividad que se desarrollará en ella.
En este contexto, las naves industriales prefabricadas en acero permiten combinar la fabricación previa de los componentes con configuraciones adaptadas a las necesidades de cada proyecto.
Un ejemplo es JANSPAN, el sistema desarrollado por Jansa Metal para naves preingenierizadas. La estructura se diseña de acuerdo con las características del edificio y se fabrica previamente para facilitar su posterior montaje mediante uniones atornilladas.
El resultado es una forma de abordar la construcción industrial en la que ingeniería, fabricación y montaje forman parte de un mismo proceso.
Grandes espacios interiores para actividades que cambian
La flexibilidad interior es especialmente importante en edificios industriales y logísticos.
Las necesidades productivas actuales pueden ser diferentes dentro de cinco o diez años. La aparición de nueva maquinaria, la automatización de procesos o los cambios en los sistemas de almacenamiento pueden obligar a reorganizar completamente el espacio.
Por este motivo, disponer de superficies amplias con pocos obstáculos estructurales facilita futuras redistribuciones.
El acero permite resolver grandes luces y crear espacios interiores diáfanos, una característica especialmente útil en naves industriales, almacenes y centros logísticos.
Reducir el número de pilares interiores puede facilitar la circulación de vehículos, la instalación de líneas productivas y la modificación posterior de la distribución.
La estructura deja así de responder únicamente a las necesidades del momento de la construcción y empieza a plantearse teniendo en cuenta posibles escenarios futuros.
Diseñar pensando en una futura ampliación
Predecir cuánto crecerá una empresa durante las próximas décadas es complicado.
Construir unas instalaciones excesivamente grandes desde el principio puede implicar una inversión innecesaria, mientras que quedarse sin espacio demasiado pronto puede limitar la capacidad de crecimiento.
Por ello, la posibilidad de ampliar una nave en el futuro puede convertirse en un criterio importante durante el diseño.
Una estrategia consiste en desarrollar inicialmente la superficie necesaria y plantear la estructura de manera que posteriormente se pueda estudiar una ampliación longitudinal o lateral.
Naturalmente, esta posibilidad depende de numerosos factores: disponibilidad de terreno, normativa urbanística, configuración estructural o instalaciones existentes, entre otros.
Pero considerar estos escenarios desde las primeras fases puede facilitar futuras decisiones.
La digitalización empieza antes de fabricar
La construcción industrializada está estrechamente relacionada con otra transformación del sector: la digitalización.
Las herramientas de cálculo y modelado permiten desarrollar una representación detallada de la estructura antes de empezar su fabricación.
Mediante modelos tridimensionales se pueden definir perfiles, geometrías, uniones y otros componentes. Esto facilita la coordinación entre los diferentes profesionales que participan en el proyecto y permite detectar determinadas incompatibilidades antes de llegar a la obra.
La información generada durante el diseño se puede utilizar posteriormente para preparar documentación y procesos de fabricación.
De esta manera, el edificio empieza a tomar forma digitalmente mucho antes de que aparezcan los primeros pilares sobre la parcela.
Producción industrial y control de calidad
Fabricar componentes estructurales en instalaciones especializadas permite establecer controles durante las diferentes fases del proceso.
Las dimensiones de las piezas, las soldaduras, los materiales utilizados o las tolerancias se pueden verificar antes de que los componentes abandonen la fábrica.
Esto no elimina la necesidad de controles durante la construcción y el montaje, pero permite detectar determinadas incidencias antes de trasladar las piezas a su ubicación definitiva.
También facilita la trazabilidad de los diferentes elementos que forman parte de la estructura.
La construcción se aproxima así a procesos habituales en otros sectores industriales, donde cada componente se fabrica siguiendo unas especificaciones previamente definidas.
Optimizar materiales y reducir residuos
La eficiencia en el uso de los materiales es otro de los aspectos que está ganando importancia.
Cuando los componentes se diseñan previamente y se fabrican siguiendo dimensiones concretas, es posible planificar mejor las necesidades de material y optimizar determinados procesos de corte y producción.
Esto puede contribuir a reducir parte de los residuos asociados a la fabricación.
El acero presenta, además, la ventaja de ser un material reciclable.
Al final de la vida útil de una estructura, se puede recuperar y volver a utilizar como materia prima para producir nuevos elementos.
Sin embargo, evaluar la sostenibilidad de un edificio industrial requiere una visión más amplia. También hay que considerar cuestiones como el comportamiento energético, los cerramientos, el aislamiento, el transporte, el mantenimiento y la vida útil del conjunto.
La logística también forma parte del proyecto
Una estructura prefabricada debe llegar posteriormente hasta la obra.
Esto convierte el transporte y la planificación logística en elementos importantes del proceso.
Las dimensiones de los componentes, el orden en que deben montarse y el espacio disponible en la parcela pueden determinar cómo se organizan las entregas.
En determinados proyectos puede resultar más eficiente que los elementos lleguen progresivamente a medida que avanza el montaje, evitando acumular grandes cantidades de material.
La coordinación entre fábrica, transporte y obra adquiere entonces una importancia similar a la propia fabricación.
Edificios preparados para una industria que cambia
La industria y la logística están evolucionando rápidamente. La automatización, el comercio electrónico, la robotización y los nuevos modelos productivos están modificando la forma en que las empresas utilizan sus instalaciones.
Los edificios que albergan estas actividades también deben evolucionar.
Rapidez de construcción, espacios diáfanos, capacidad de ampliación, precisión en la fabricación y planificación digital son características que adquieren cada vez más relevancia.
La nave industrial deja de concebirse únicamente como un contenedor donde desarrollar una actividad y pasa a formar parte de la estrategia de crecimiento de la empresa.
Diseñar pensando no solo en las necesidades actuales, sino también en cómo podrían cambiar durante los próximos años, permite desarrollar instalaciones más adaptables.
En este escenario, la combinación entre ingeniería, fabricación industrial y montaje planificado ofrece nuevas posibilidades para construir espacios capaces de evolucionar al mismo ritmo que las empresas que trabajan en ellos.




