La decisión municipal impone al local el cumplimiento de la ordenanza de usos del paisaje urbano, que establece criterios sobre el grosor de los carteles en las fachadas y prohíbe ciertos tipos de letreros que sobresalen. Esta medida ha generado malestar tanto en el negocio como en diversas organizaciones de defensa del patrimonio.
La bodega Fermín ha expresado a través de las redes sociales su "pena" e "indignación", argumentando que la directriz municipal "no respeta los signos de identidad del barrio". El negocio señala un posible agravio, ya que afirma que "la mayoría de los locales del entorno" no cumplen las prescripciones de la normativa, a pesar de tener aperturas más recientes.
“"La Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico ha salido en apoyo del establecimiento, lamentando la "retirada forzosa de los rótulos históricos" y cuestionando que la ordenanza "no contemple ningún mecanismo de excepción o moratoria para rótulos que, por su antigüedad, materialidad, tipología o aprecio social forman parte del patrimonio gráfico de un barrio"."
Esta entidad ha instado al consistorio a desarrollar un "salvoconducto normativo específico" para letreros singulares y a aplicar el "principio de proporcionalidad" antes de dictar "retiradas irreversibles".




