La plaza de la Vila de Gràcia se llenó por completo desde primera hora de la mañana para la jornada castellera, con una afluencia constante de asistentes que dificultaba encontrar un buen lugar para seguir las actuaciones de los Castellers de la Vila de Gràcia y los Xiquets de Reus.
El sol y las altas temperaturas fueron protagonistas, obligando a los asistentes a buscar formas de combatir el calor con abanicos, gorras y sombreros. A pesar de las condiciones, el ambiente festivo se mantuvo vivo durante toda la mañana, con aplausos constantes para cada construcción.
La tradición castellera cautivó a numerosos turistas, muchos de los cuales contemplaban por primera vez este espectáculo. Las camisas azules de los Castellers de la Vila de Gràcia y las avellana de los Xiquets de Reus ponían color a la escena, creando una imagen característica de las fiestas mayores.
Cada 'castell' concentraba todas las miradas, y el silencio tenso antes de la llegada de la 'enxaneta' daba paso a una ovación general cuando las estructuras se elevaban con éxito.
La actividad castellera cambió temporalmente el ritmo habitual del barrio de Gràcia, convirtiendo la plaza en el foco de atención principal durante la mañana de la fiesta mayor.




