La celebración de Santa Rita en la parroquia de Sant Agustí de Barcelona ha reunido a miles de personas que se han acercado a la iglesia para venerar a la santa. La fiesta, muy arraigada en Cataluña y vinculada a la orden agustina, ha atraído a fieles de todas partes, muchos de los cuales han ofrecido rosas como símbolo de devoción. La misa del mediodía, celebrada en catalán, ha llenado completamente la parroquia, evidenciando la gran afluencia de público.
Fieles como Fèlix, florista que monta puesto en la plaza, señalan que "la misma gente cada año" repite la visita. Otros, como Fina y Emili, venidos de Terrassa, expresan su devoción, a pesar de no ser practicantes habituales. La devoción por Santa Rita se hereda, como en el caso de Mari Carmen, Lolita, María Ángeles y Jordi, de Premià de Mar, encomendada por su familiar de 94 años. También hay familias enteras con el nombre de Rita, como una madre, hija y abuela, procedentes de Molins de Rei.
Según mossèn Antoni Nello, se trata de "una de las fiestas más populares", que conmemora la leyenda de Santa Rita que consiguió oler rosas en pleno invierno. Tras la misa, los asistentes han podido ofrendar rosas bendecidas. La misa en castellano de la una del mediodía, oficiada por un obispo auxiliar, ha tenido menos asistencia.
La comunidad filipina tiene una fuerte presencia en la parroquia. Julián Alcántara, un filipino de 91 años, destaca que "hay mucha devoción a Santa Rita en Filipinas". Él, que reza "cada día a Santa Rita", se muestra contento por la próxima visita del Papa y bromea sobre los controles de seguridad. La parroquia cuenta con dos sacerdotes filipinos, Dennis y Michael, y es regida por la orden de los agustinos, encabezada por el rector Faustin Mlelwa, originario de Tanzania.
Fredi, de origen boliviano, colabora repartiendo estampitas y velas, y señala que "es donde hay más filipinos". Su compañera Gloria, filipina, apunta que en su país "tenemos mucho fervor religioso". Julián, que llegó a Barcelona en 1984 y tuvo una tienda de electrodomésticos, explica que ha sufrido agresiones en la parroquia, pero continúa colaborando con la comunidad.
Ramón Vázquez, un barcelonés jubilado y voluntario en la parroquia, estima que han entrado entre 5.000 y 6.000 personas durante el día. Explica que la visita del Papa ha impulsado mejoras en la iglesia, como la pintura de las capillas. La comunidad filipina se fundó hace treinta años, mientras que la parroquia convencional se nutre de la inmigración de América Latina. Cada domingo se honra al patrón de un país, pero por Santa Rita, los catalanes de todas partes se acercan.




