La investigación, publicada en la revista eClinicalMedicine del grupo The Lancet, analiza cómo el momento del diagnóstico puede cambiar el pronóstico de la enfermedad. Se ha comparado a 481.709 personas con nuevo diagnóstico de diabetes tipo 2 con 1.398.836 personas sin la enfermedad, utilizando datos del Sistema de Información para el Desarrollo de la Investigación en Atención Primaria (SIDIAP).
Los resultados indican que las personas diagnosticadas antes de los 65 años presentan un 18% más de exceso relativo de riesgo de insuficiencia cardíaca a diez años que las diagnosticadas posteriormente. Entre los mayores, los diagnosticados entre 65 y 74 años tienen un 14% más de riesgo de cardiopatía isquémica, un 20% más de insuficiencia cardíaca y un 16% más de mortalidad por cualquier causa, en comparación con los diagnosticados a partir de los 75 años.
Los investigadores del IDIAPJGol y el Institut de Recerca Sant Pau, con colaboración de otras instituciones nacionales e internacionales, remarcan que estos porcentajes reflejan diferencias en el riesgo relativo y no implican un riesgo bajo en términos absolutos para las personas diagnosticadas tardíamente. La carga de enfermedad cardiovascular, mortalidad y fragilidad sigue siendo elevada en estos grupos.
Berta Fernández Camins, primera firmante del estudio, señala que las diferencias observadas podrían estar influenciadas por una menor exposición a la hiperglucemia en diagnósticos tardíos o por la mortalidad competitiva. A pesar de las limitaciones de un estudio observacional, los análisis de sensibilidad mantienen el patrón general de los resultados.
Los coordinadores, Dídac Mauricio y Josep Franch Nadal, subrayan que la edad del diagnóstico importa, pero debe interpretarse dentro de una valoración individualizada del paciente, evitando tratar menos a una persona mayor automáticamente.
Este estudio, financiado por el Instituto de Salud Carlos III y la AGAUR, llega coincidiendo con el Día Mundial del Corazón (29 de septiembre), que este año se dedica a reconocer las señales de alarma de las enfermedades cardiovasculares, siendo la diabetes tipo 2 uno de los principales factores de riesgo.




