Nacido como Edgar Nahoum, de origen sefardí, adoptó el seudónimo Morin durante la Segunda Guerra Mundial para unirse a la Resistencia francesa. Su larga vida, que abarcó más de un siglo, estuvo marcada por un compromiso constante con la libertad y una mirada crítica hacia los regímenes autoritarios.
Su juventud estuvo influenciada por acontecimientos históricos como la Guerra Civil española, donde llegó a prestar apoyo humanitario a la columna Durruti. Posteriormente, rompió lazos con el Partido Comunista francés por discrepancias con la línea de Stalin y denunció los crímenes de la KGB, mostrando una constante búsqueda de autonomía intelectual.
Morin fue un firme defensor del conocimiento multidisciplinar y de la esperanza como vía para evitar catástrofes globales. Su filosofía, descrita como "útil", conectaba la calle con espacios emblemáticos de la vida intelectual parisina como el Café de Flore.
Europa lamenta la pérdida de uno de sus grandes intelectuales, testigo de dos siglos convulsos. Morin sentía un especial afecto por Barcelona, describiéndola como una "ciudad abierta, feliz de su cultura catalana, de su cultura española y de las culturas latinas que se asientan en ella".
Su obra magna, El Método, consta de seis volúmenes, y fue comisionado por la UNESCO para escribir Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. En su último libro, reflexionaba sobre las lecciones de la historia, comparando la Revolución Francesa con la convocatoria de los Estados Generales.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha destacado que Morin "era el humanismo hecho persona", recordando su bondad, curiosidad y su espíritu universal.




