La humorista, comunicadora y escritora Maria Rovira, conocida artísticamente como Oye Sherman, ha reflexionado sobre la ciudad de Barcelona desde el programa ‘Mirador Barcelona’. Rovira, que ha construido su carrera entre el escenario y los micrófonos, utiliza el humor como herramienta principal de expresión, con un estilo marcado por la ironía y una mirada crítica sobre la vida cotidiana. Su trayectoria incluye participaciones en proyectos radiofónicos y televisivos en Catalunya Ràdio y TV3, así como en circuitos de comedia y pódcasts, consolidándose como una voz reconocible del humor catalán contemporáneo. Recientemente, ha publicado su primer libro, Garlanda (Blackie Books).
Nacida y criada en Horta, Rovira destaca la identidad especial del barrio, que considera un modelo para la ciudad. "Creo que en Horta, realmente, sí", afirma sobre la idea de que los barrios son como un pueblo. Su principal valor, según la autora, es el tejido asociativo, que permite una relación intergeneracional "muy bonita". "Creo que el modelo al que debería aspirar Barcelona es precisamente este", defiende.
Sin embargo, alerta del riesgo de perder esta identidad, argumentando que la "deriva gentrificadora capitalista" puede convertir la ciudad en "un gran centro comercial". "Lo que nos puede salvar es precisamente esto, la vida en los barrios", sentencia.
Rovira también ha calificado de "traumática" su etapa de siete años viviendo en El Born, debido a la transformación del barrio. Ha recordado cómo comercios tradicionales fueron sustituidos por tiendas de souvenirs o franquicias, y cómo los pisos turísticos dificultan la vida cotidiana de los vecinos, ya que los visitantes "no saben cómo se recicla". Considera positiva la futura limitación de los pisos turísticos, ya que "dará más oferta y más aire".
En respuesta sobre qué valora más de la capital catalana, Rovira lo resume: "Lo que más me gusta de Barcelona es que es una ciudad y no un centro comercial". A pesar de haberse planteado vivir fuera, asegura que volvería por ser "una ciudad muy viva donde se pueden hacer muchas cosas".
También ha rememorado la Barcelona del confinamiento, describiendo un paseo por Las Ramblas como una experiencia impactante: "Parecía una catedral verde, oía los pájaros y había una especie de silencio". Una imagen que lamenta que haya vuelto a la "normalidad" tras aquel "espejismo".
Finalmente, Rovira ha compartido su sinestesia, asociando Barcelona a la textura de una servilleta escolar utilizada para limpiar yogur. Una metáfora que describe una ciudad que, según ella, todavía conserva su singularidad a través de los barrios, los vecinos y la vida compartida.




