En 1965, Barcelona vivió un acontecimiento deportivo sin precedentes cuando el ciclista José Pérez Francés, cántabro de nacimiento pero catalán de adopción y residente en el Poble Sec, cruzó la ciudad con una ventaja de más de ocho minutos en una etapa del Tour de Francia. Esta gesta fue presenciada por una multitud estimada en más de un millón de personas, que llenaron las calles, especialmente el Paral·lel, entonces llamado avenida del Marqués del Duero.
Pérez Francés, conocido por su afabilidad y seriedad cuando no estaba compitiendo, fue una figura legendaria del ciclismo. A pesar de su fama, en 2014, 49 años después de aquella gesta, era reconocido por pocos clientes en el café Español del Paral·lel, donde acudía para disfrutar de su jubilación y pedalear por la zona.
Con 17 años, Pérez Francés llegó a Cataluña como un acto de rebeldía, instalándose en el Poble Sec. Su etapa de 223 kilómetros en solitario entre Ax y Barcelona en 1965 sigue siendo la tercera escapada más larga de la historia del Tour. Él mismo recordaba la deshidratación sufrida y el peso de su bicicleta de acero, contrastando con la tecnología actual.
La victoria en aquella etapa le reportó 30.000 pesetas, que repartió con sus compañeros del equipo Ferrys. A pesar de ser alcanzado por el pelotón principal antes de la meta, su actuación fue memorable, reflejando la épica que cautivó a una ciudad que también disfrutaba de otras figuras deportivas como Cayetano Ré, Salvador Sadurní, Ferran Olivella y Josep Maria Fusté.
Pérez Francés fue un ciclista destacado, con podios en París en 1963 y múltiples posiciones de honor en la Vuelta y el Giro. Continuó pedaleando hasta sus últimos días, siendo recordado como un grande del ciclismo.




