La investigación, centrada en las tumbas del período fundacional del monasterio barcelonés, ha permitido exhumar y analizar los restos atribuidos a Elisenda de Montcada, nacida en Aitona en 1292. Las conclusiones sugieren un enterramiento austero, posiblemente con una indumentaria monástica, rompiendo con la idea de un lujo asociado a su estatus real.
Los análisis genéticos indican que la reina tenía unos setenta años al morir y padecía una patología ósea conocida como hiperostosis esquelética idiopática difusa, que causa la osificación de la columna vertebral y limita la movilidad.
Contrariamente a la creencia anterior, el sarcófago no atraviesa el muro entre la iglesia y el claustro, sino que se trata de dos vasos sepulcrales separados por un pequeño muro. Esta disposición permite una doble representación de la figura de la monarca: como soberana junto a la iglesia y como penitente junto al claustro.
“"Es un salto cualitativo, porque hasta ahora solo habíamos podido hacer estudios a partir de los testimonios que hemos conservado, como el edificio patrimonial, la misma tumba de la reina o la heráldica."
La investigación también ha avanzado en la confirmación de que la monarca era prima de Constança de Cardona y Beatriu de Pinós. Los trabajos continuarán durante 2026 y 2027, incluyendo dataciones por carbono 14 y ampliación de datos genéticos.
En otras tumbas estudiadas, como la de Artau de Foces, se han encontrado restos de mujeres y niños en lugar de un hombre. En la tumba de Sobirana d’Olzet se ha identificado un único individuo femenino, posiblemente la primera abadesa. Sin embargo, en la tumba de Francesca Saportella no se han encontrado sus restos, sino los de nueve individuos y seis cabezas masculinas con lesiones de arma blanca.




