La Ronda de Sant Antoni se ha convertido en un punto neurálgico para el intercambio de cromos, especialmente a raíz de la popularidad de las pegatinas del Mundial. Una situación que ha agotado la paciencia de los comerciantes del mercado dominical de Sant Antoni, que denuncian una creciente competencia desleal.
Uno de los puestos más críticos, Ferran Roig, quien invirtió 25.000 euros para obtener una licencia a finales de 2020, lamenta que vendedores ilegales operen a pocos metros de su puesto sin asumir los mismos costes, como el canon mensual y los impuestos. Roig estima que el volumen de negocio fraudulento podría alcanzar los 5.000 o 6.000 euros cada fin de semana.
"Esto siempre ha pasado, pero es que ahora se ha instalado un mercado alternativo", denuncia Roig, comparando a los vendedores ilegales con los percebeiros furtivos. Estos individuos, según el vendedor, venden cromos a precios "irrisorios" gracias a la ausencia de impuestos y al uso de terminales de pago con tarjeta. Un ejemplo es el cromo de Lamine Yamal de oro, que en su puesto cuesta 150 euros, mientras que en la ronda se puede encontrar por 100 euros. Esta fiebre se ha intensificado con cada cita mundialista.
Roig señala que la venta en la calle se ha multiplicado también porque plataformas como Wallapop se han vuelto más estrictas, favoreciendo las transacciones en persona. La Guardia Urbana ha prometido actuar tras varias reuniones con los comerciantes afectados.
La demanda de cromos del Mundial ha superado las expectativas, con un aumento significativo de clientes en los puestos autorizados. Las aceras alrededor del mercado se llenan de gente intercambiando pegatinas, colapsando el barrio desde primera hora de la mañana. Incluso la exalcaldesa Ada Colau fue vista acompañando a sus hijos en la búsqueda de cromos.
El intenso calor del domingo provocó que un joven llegara a desmayarse, aunque se recuperó rápidamente para continuar intercambiando cromos.




