Ganaderos provenientes de diversas comarcas pirenaicas, como el Pallars, la Cerdanya, el Ripollès, el Berguedà y el Solsonès, han trasladado sus animales a la montaña de Llessui para aprovechar sus condiciones óptimas: una gran extensión con poca masa forestal, abundancia de agua y pastos de calidad. Esta práctica, a pesar de la disminución de ganaderos de extensivo, ve cómo cada vez hay menos profesionales pero con un número mayor de animales, lo que les obliga a buscar espacios fuera de sus municipios.
La mayoría de los animales llegan a Llessui mediante camiones, aunque una pequeña parte todavía mantiene la tradición de desplazarse a pie. Una vez descargados cerca del pueblo, los ganaderos los acompañan hacia la montaña, donde permanecerán durante los meses de verano. La confianza en una meteorología favorable durante julio y agosto es clave para garantizar el crecimiento de la hierba y permitir que el ganado permanezca allí hasta principios de octubre.
Albert Baqueró es el encargado de la custodia del ganado durante los próximos cuatro meses. Vivirá en la cabaña del pastor, situada a unos 2.000 metros de altitud. Baqueró, que ejerce este trabajo desde hace ocho años, vela por la salud de los animales, asegura que se mantengan dentro del perímetro establecido, gestiona los pastos y resuelve cualquier incidencia que pueda surgir, informando a los propietarios.
Ganaderos como Albert Sobirana, de Montellà (Cerdanya), destacan la dificultad de encontrar espacios de pastoreo adecuados en sus municipios debido a la expansión del bosque. Sobirana valora positivamente la montaña de Llessui por ser un espacio abierto, sin árboles y con acceso a agua.
El traslado de los animales se realiza principalmente en camiones, como explica Jorge Vartolomei, uno de los transportistas que cubre la ruta de 100 kilómetros hasta el Pallars, un trayecto que puede durar unas cuatro horas debido a las carreteras de montaña con curvas pronunciadas, donde la precaución es esencial para el bienestar del ganado.
La figura del pastor permanente es muy valorada, como señala la ganadera Marta Pons, proveniente de Berga. La presencia de un pastor en Llessui facilita la labor de los propietarios, que en otras montañas deben realizar viajes frecuentes para supervisar los animales.
Albert Baqueró es también uno de los ganaderos que todavía realiza la trashumancia a pie, considerándola un patrimonio cultural y una tradición que no debe perderse. Estima que solo un 5% de los ganaderos optan por este método tradicional.
Además de las vacas y caballos, la montaña de Llessui acoge más de 4.000 ovejas de una docena de ganaderos, cuidadas por un pastor asignado. En total, la montaña puede albergar unos 6.000 cabezas de ganado durante los meses de verano.




