El grupo, que se reúne mensualmente, nace de la necesidad de compartir un lenguaje común marcado por la experiencia de la pérdida repentina y el proceso judicial posterior. Los participantes encuentran en este espacio un refugio donde hablar abiertamente sobre autopsias, declaraciones judiciales y la gestión de la rabia que conlleva una muerte provocada por terceros.
La dirección de la entidad destaca que el proceso de duelo se ve a menudo bloqueado por la complejidad de los procedimientos legales. Muchas familias dedican toda su energía a la investigación y al juicio, hecho que retrasa la capacidad de procesar la pérdida de manera natural. El acompañamiento psicológico busca aliviar este sufrimiento mediante la conexión con personas que han vivido situaciones similares.
El proyecto pone el foco en la falta de sensibilidad que a menudo perciben las familias por parte de las administraciones durante los trámites posteriores a la tragedia. Los participantes subrayan que, más allá de la pérdida, deben hacer frente a una burocracia que, en muchos casos, no reconoce la gravedad de lo que han vivido.




