El artista Jordi Puig (Barcelona, 1963) presenta su serie de «flores congeladas» en un espacio cultural cercano a la Catedral de Girona. Esta exposición sigue la línea de trabajos anteriores de Puig, quien ya mostró su particular visión del mundo en la Sala l’Escorxador de Figueres.
La propuesta de Puig se caracteriza por una mirada sistemática e iconoclasta, alejada de los paradigmas de pureza que a menudo persiguen otros artistas. Su obra se centra en colores planos y nítidos, a menudo asociados a objetos de uso doméstico, discretos y anónimos.
“"Lo único puro es el color del plástico."
El artista suele trabajar en proyectos de larga duración, con series que buscan aportar claridad mediante la reiteración. Su intención no es ilustrar una idea con imágenes, sino utilizar las imágenes como un camino para llegar a la idea, priorizando el proceso de navegación visual.
La muestra de Puig, que coincide con el período de Temps de Flors en Girona, ofrece una perspectiva diferente sobre la belleza floral. Fotografiar flores implica una observación detallada, una práctica que ya fue destacada por figuras como Carl Georg Heise y Walter Benjamin en el contexto de la fotografía botánica.
Jordi Puig congela flores, emulando la criogenia, pero sin la promesa de la resurrección. Su obra subraya la realidad de la caducidad, que se impone al deseo imposible de preservar la belleza, con la excepción del "milagro" que representa la imagen fotográfica.




