Su carrera profesional comenzó en el Archivo Municipal de Girona, donde se encontró con un vasto fondo documental que abarcaba casi mil años de historia. Esta experiencia inicial marcó su camino, transformando su visión de los archivos de simples depósitos de memoria a instrumentos esenciales para la gestión administrativa, la transparencia y la seguridad jurídica.
“"En nuestra profesión, el primer día, ya tienes siglos de trabajo acumulado."
El galardón de la Creu de Sant Jordi no solo representa un honor personal, sino que también se percibe como un reconocimiento a todo el colectivo profesional de los archivistas, a menudo poco visible. Su dedicación ha sido clave para la memoria democrática de Catalunya, un compromiso que nació en un contexto de recuperación cultural y lingüística durante el final del franquismo.
Más allá de las fronteras catalanas, su trabajo ha tenido una importante proyección internacional, impulsando iniciativas como Archiveros sin Fronteras. Esta organización busca compartir conocimientos y experiencias con otros países, reconociendo que los desafíos en la gestión documental son universales. Este compromiso se extiende a la relación entre los archivos y los derechos humanos, defendiendo el papel crucial de los documentos en procesos judiciales y la reparación de víctimas.
“"Un documento aparentemente insignificante puede ser determinante para una sentencia."
Una de las experiencias más impactantes fue en Sarajevo, después de la guerra de los Balcanes, donde constató la desolación de una población sin documentos de identidad ni de propiedad a causa de la destrucción de los archivos. Esta vivencia subrayó la importancia fundamental de los documentos para la identidad y la dignidad de las personas. Su trayectoria es vista como una acción casi patriótica, dejando un legado que va más allá del aspecto técnico, entendiendo la historia como una herramienta para construir un futuro más justo.




