El fenómeno astronómico fue seguido con interés por vecinos y visitantes en diversas zonas del Maresme y la Selva. Se buscaron puntos elevados y espacios con claridad visual para poder contemplar el eclipse, que se manifestó de forma parcial en el territorio.
Las condiciones meteorológicas acabaron influyendo en la experiencia. A medida que avanzaba el proceso, la aparición de nubes comenzó a dificultar la visibilidad, impidiendo seguir con nitidez los últimos momentos del suceso.
En La Selva, lugares como el Castillo de Sant Joan o Santa Bàrbara de Blanes fueron elegidos por su ubicación privilegiada. En Sils, cerca de medio millar de personas se congregaron en el entorno de la iglesia de Santa Eulàlia para observar el eclipse.
En El Maresme, el castillo de Palafolls y el Turó de la Guàrdia de Pineda fueron otros lugares escogidos. En Santa Susanna, el festival Mar d’Estiu ofreció gafas homologadas gratuitas a los asistentes para una observación segura.
A pesar de las dificultades causadas por las nubes durante la segunda mitad del fenómeno, el eclipse movilizó a numerosas personas a buscar espacios abiertos. En otras zonas de Cataluña, especialmente en el sur, miles de ciudadanos también se concentraron en puntos preparados para la observación.




