La Iglesia evangélica El Pont ha adquirido la antigua discoteca Metro, situada en el polígono Les Tosses de Amposta, con la intención de convertirla en un nuevo centro de culto. El local, que se encontraba cerrado desde 2014, requerirá una inversión inicial estimada de 600.000 euros, que cubrirá tanto la compra como las reformas necesarias. La entidad se ha hecho con el espacio de 3.200 metros cuadrados, y recientemente un grupo de voluntarios ha comenzado las tareas de limpieza y retirada de escombros.
El nuevo centro incluirá un auditorio con capacidad para 600 personas, así como diversas salas destinadas a desarrollar programas de ayuda para personas con drogodependencias y actividades de refuerzo escolar para niños de familias vulnerables. El pastor de la Iglesia, Carlos Zaragoza, ha expresado a la ACN la esperanza de que este proyecto contribuya a «llenar de vida» el polígono, que actualmente presenta numerosas naves en desuso.
Históricamente, el polígono de Les Tosses fue concebido a principios de siglo por el gobierno de Amposta como una zona de ocio para alejar las discotecas del casco urbano. La Metro abrió sus puertas en 2005, convirtiéndose en uno de los locales más grandes y reconocidos de la zona. Sin embargo, la crisis económica y la presión policial provocaron el cierre progresivo de los negocios, y la discoteca bajó la persiana definitivamente el 14 de agosto de 2014.
La Iglesia El Pont, que actualmente ocupa un edificio en la calle General Prim de Amposta desde hace quince años, ha visto cómo su espacio se ha quedado pequeño debido al incremento constante de asistentes en los últimos cuatro años. Con dos cultos diarios los domingos que congregan unas 240 personas, la comunidad ha tomado la decisión de buscar un nuevo emplazamiento para poder acoger a todos en un solo espacio. El pastor Zaragoza ha calificado la compra del local de la Metro como un «sueño», destacando que muchas otras opciones exploradas eran demasiado caras o no cumplían los requisitos necesarios, además de confirmar que el planeamiento urbanístico permite el uso religioso.
La nueva sede, que se prevé tener operativa en aproximadamente un año, dependerá de los trámites administrativos. El líder de la congregación, Juan Mas Salvador, ha señalado que el polígono se encuentra «medio abandonado» y confía en que la presencia de la iglesia, con una media de 500 a 600 asistentes cada domingo, «dará mucha vida» y podrá dinamizar la zona con la creación de negocios alrededor.
El alcalde de Amposta, Adam Tomàs, ha valorado positivamente la iniciativa, celebrando la «recuperación de cierta normalidad» en el polígono, donde hace un año se desmanteló un importante laboratorio de drogas sintéticas. Tomàs considera que el antiguo recinto se convertirá en un «centro de actividades» más allá de su uso religioso, facilitado por la disponibilidad de locales con licencia de actividad a precios accesibles.
La comunidad evangélica vincula el pasado del local con su futura labor social. El pastor Zaragoza ha recordado las visitas que hacían hace 20 años al aparcamiento de la Metro para hablar con jóvenes sobre alternativas a la noche y el vicio, y ha relatado una anécdota sobre una oración para el apagado de luces de la discoteca que coincidió con el corte de luz que permitió la salida de los asistentes. Esta conexión histórica motiva el proyecto de ayuda a jóvenes con adicciones y clases de refuerzo escolar para niños vulnerables.




