El sonido de la naturaleza: reflexiones sobre el silencio y el murmullo de los ríos

Un artículo reflexiona sobre la diferencia entre ruido y sonido, y la importancia del silencio en un mundo cada vez más ruidoso.

Imagen genérica de un río con vegetación abundante y un puente al fondo.
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Imagen genérica de un río con vegetación abundante y un puente al fondo.

Un paseo por el Pont de Suert, junto al río Noguera Ribagorçana, inspira una reflexión sobre la diferencia entre ruido y sonido, y la necesidad del silencio en la vida moderna.

Durante una visita guiada al Pont Vell, que cruza el río Noguera Ribagorçana en Pont de Suert, surgió una matización interesante: el sonido del agua de un río no es ruido, sino un sonido preciso, un murmullo o rumor que puede llegar a ser una música sin partitura. Esta sonoridad natural, especialmente en primavera con el río esplendoroso y rodeado de verdor, confiere paz y armonía, sobre todo cuando no es perturbada por sonidos humanos.
La naturaleza genera sonidos que acompañan y enriquecen los silencios, en lugar de romperlos. El canto de las olas del mar, el fluir de un río, el trinar de los pájaros, una suave brisa entre las hojas o la lluvia que humedece la tierra, son elementos que reconfortan y dibujan el ambiente. Estos sonidos naturales, lejos de ser una perturbación, acarician la quietud.
Al atardecer, cuando el sol empieza a ponerse, el canto de los pájaros —golondrinas, estorninos, gorriones— llena el ambiente. Esta algarabía de pájaros, que teóricamente podría romper el silencio, genera en ausencia de ruidos humanos una profunda calma y una reconfortante quietud, un silencio sereno.
El silencio se convierte en un bien escaso debido al tráfico humano y el ruido constante, así como por la dificultad de encontrar momentos de soledad o quietud compartida en una sociedad cada vez más conectada y distraída. Sin embargo, el silencio es imprescindible para reencontrarnos como seres humanos, para cultivar nuestras cualidades y profundizar en nosotros mismos y en las relaciones con los demás.
Los silencios bien entendidos nos reconectan con la naturaleza, con nosotros mismos y con nuestros seres queridos. Desafortunadamente, existen también silencios impuestos por la opresión o la falta de compromiso, jaulas que limitan la libertad.