Según la denuncia de un residente, los fuegos artificiales tuvieron lugar el sábado 12 de septiembre por la tarde, frente a las adobaderías. La persona que alertó de los hechos preguntó a los organizadores sobre el permiso de la Guardia Urbana, recibiendo una respuesta afirmativa. Sin embargo, al contactar con la Guardia Urbana, esta no tenía constancia de ninguna autorización y envió una patrulla al lugar de los hechos.
La queja principal se centra en la posibilidad de realizar un castillo de fuegos privado en una calle pública sin ningún tipo de valla o delimitación de seguridad, permitiendo el paso de personas por el lado. También se cuestiona si se puede hacer uso de fuego en condiciones de sequía y la proximidad a edificios con elementos inflamables, como las adobaderías y jardines particulares.
“"Creo que es una gran imprudencia, un privilegio de gente que hace una fiesta particular..."
La situación ha abierto un debate sobre la regulación y supervisión de eventos pirotécnicos privados en entornos urbanos, especialmente en lo que respecta a la seguridad de los vecinos y la protección del patrimonio.




