Iniciativas pioneras en comarcas como Osona y el Lluçanès, con una treintena de proyectos y miles de familias implicadas, están marcando el camino. Este modelo se ha extendido por todo el territorio gracias a entidades como Osona Energia. A nivel municipal, Caldes de Montbui ya genera el 15% de su energía mediante una comunidad energética pública, mientras que cooperativas como Som Energia, con más de 87.000 socios, defienden firmemente el futuro renovable. Paralelamente, más de cien comunidades energéticas se han inscrito en la web de la Generalitat, demostrando un creciente interés por la participación ciudadana en estos proyectos.
En Osona y el Lluçanès, las primeras comunidades surgieron en 2021, aceleradas por la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania. La creación de Osona Energia, una cooperativa de segundo grado, ha sido clave para asesorar y dar apoyo a medio centenar de comunidades en todo el territorio catalán, desde la Ribera d'Ebre hasta el Pirineo o la Garrotxa.
Gil Salvans, responsable técnico de la Agencia Local de la Energía de Osona (Aleo), explica que se estableció un modelo replicable: entidades locales sin ánimo de lucro que reciben servicios profesionalizados de Osona Energia. Actualmente, 2.000 familias están conectadas a la red en Osona y el Lluçanès, con el objetivo de doblar esta cifra. Salvans destaca que, aunque el autoconsumo fotovoltaico es una realidad, el próximo paso es que las familias vean el ahorro en sus facturas y diversificar hacia vehículos eléctricos, rehabilitación energética y electrificación de consumos térmicos.
Salvans también subraya el papel de las comunidades energéticas ante posibles apagones: "El territorio debe ser capaz de generar su propia energía e, incluso, almacenarla en baterías". Estos proyectos, afirma, "harán que el sistema eléctrico sea más robusto y más resistente".
Los datos de Endesa a cierre de marzo reflejan 141.633 puntos de suministro con autoconsumo, de los cuales un 11,5% son colectivos, un indicador del crecimiento del modelo vinculado a comunidades energéticas.
La Generalitat impulsó la plataforma Comunitatenergetica.cat para facilitar la creación y participación en estas iniciativas. El portal ya cuenta con 86 comunidades abiertas a nuevos miembros.
En Caldes de Montbui, una Comunidad Energética Local (CEL) pública con 27 instalaciones fotovoltaicas genera el 15% de la energía municipal. 600 familias se han conectado, con un ahorro estimado de 1.500 euros por familia en cuatro años. El concejal de Acción Climática, Jordi Martín, señala que actualmente no disponen de sistemas de almacenamiento, lo que les deja en la misma situación que otros ciudadanos si cae la red.
La cooperativa Som Energia, con más de 87.000 socias, reivindica la generación distribuida y ciudadana. Su responsable de nuevos proyectos, Nuri Palmada, afirma que "el futuro es renovable, sí o sí", y destaca la importancia de hacer la energía renovable gestionable mediante baterías y cambiando patrones de consumo.
Som Energia prevé duplicar su producción propia, pasando de los 50 GWh/año actuales a unos 90 GWh, con el objetivo de hibridar sus plantas fotovoltaicas con baterías y adaptar el gasto energético a las horas de máxima generación. Palmada advierte de un posible déficit de generación en Cataluña si no se acelera el despliegue de renovables gestionables.




