Un año más, la tradición se ha cumplido en Isil con la celebración de la Noche de Fallas, una de las manifestaciones de fuego más impresionantes de los Pirineos. Alrededor de sesenta vecinos del pueblo y alrededores han participado en el descenso de troncos, algunos de los cuales superan los cincuenta kilos de peso, creando una imagen de "serpiente de fuego" descendiendo por la montaña.
La fiesta, que cuenta con el reconocimiento de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y Fiesta Patrimonial de Interés Nacional, comenzó con el encendido de la falla mayor en la plaza del pueblo. Después, los falleros han descendido por un camino tortuoso, iluminado únicamente por las llamas de los troncos, llegando al pueblo cansados pero recibidos con vino, coca y flores.
“"El descenso ha sido uno de los más complicados de los últimos años. La hierba de la montaña estaba muy seca y se ha encendido cortando la fila que hacían los falleros. Pero se han vuelto a juntar más abajo y el descenso ha acabado con éxito."
Uno de los momentos más emotivos de la celebración es el paso por el cementerio. Los falleros, con la falla encendida, realizan tres cruces en la puerta para recordar a aquellos que ya no están. Esta parte del ritual se mantiene intacta, como el resto de la celebración, que no se ha interrumpido nunca, ni durante la Guerra Civil ni la pandemia.
Posteriormente, los falleros han recorrido las calles del pueblo con las fallas al cuello antes de lanzarlas a la hoguera central. La noche ha culminado con danzas tradicionales alrededor del fuego, un espacio de hermandad entre participantes y visitantes, que atrae a miles de personas cada año.
Las fallas de Isil son únicas por mantener la tradición ininterrumpidamente y por poseer dos reconocimientos oficiales: Fiesta Patrimonial de Interés Nacional desde 1991 y Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2015, dentro de la candidatura 'Las fiestas del fuego del solsticio de verano en los Pirineos'.




