Situado a 1.350 metros de altitud, este equipamiento se ha convertido en un punto de encuentro clave para creadores e investigadores de todo el mundo. Desde su apertura en 1996, el centro ha contribuido a la dinamización demográfica de Farrera, un municipio que ha visto crecer su población en las últimas décadas.
El proyecto, que nació con la voluntad de importar un modelo de residencia internacional, destaca por ser el único espacio en Catalunya que integra de manera transversal la ciencia y el arte. Su programación, que se mantiene activa durante todo el año, fomenta la cohesión social y la participación de los vecinos de la comarca.
La dirección del centro subraya que su misión principal es evitar la desconexión entre el mundo urbano y el rural, apostando por un modelo de intercambio cultural donde la calidad de los proyectos prevalece sobre la trayectoria previa de los participantes.




