El año 1876 marcó el fin de la Tercera Guerra Carlista, un conflicto que tuvo una gran repercusión en Cataluña y Euskal Herria. Esta fecha, que ahora cumple 150 años, consolidó el régimen borbónico de Alfonso XII tras la derrota carlista. Uno de los personajes más emblemáticos de este periodo fue Josep Agramunt i Llecha, conocido popularmente como el "Capellà de Flix", cuya vida ilustra la intensidad de aquellos años.
La Tercera Carlinada, iniciada en 1872, vio su punto de inflexión con el golpe militar del general Martínez Campos, el "Pronunciamiento de Sagunto", en el año 1874. Este hecho precipitó la restauración borbónica y abrió el camino a la derrota carlista, aunque la resistencia se prolongó dos años más en territorios como Cataluña.
Nacido en Flix, en la Ribera d'Ebre, en febrero de 1828, Josep Agramunt i Llecha provenía de una familia campesina humilde. Su juventud estuvo marcada por la influencia de una familia carlista de Flix, que lo llevó a adoptar una ideología tradicionalista y conservadora. Después de estudiar filosofía y teología, fue ordenado sacerdote en Tortosa y ejerció en Amposta y Maials antes de regresar a su localidad natal en 1871. Ya en aquella época, el obispo de Tortosa alertaba sobre sus tendencias radicales.
En junio de 1872, poco después del inicio de la guerra, Agramunt lideró una partida de 150 hombres y fue nombrado capitán. Su influencia era tal que incluso su sustituto en la rectoría de Flix, Antoni Díez, se unió a la causa carlista armada.
“"La rectoría de Flix se ha convertido decididamente en plantel de evangélicos cabecillas. Después del llamado "Cura de Flix", célebre por sus fechorías, se ha sublevado también el párroco que entró a substituirle en aquella población."
El "Capellà de Flix" participó en la ocupación de Reus en 1872, un operativo singular que incluyó el secuestro de personal ferroviario y el corte de líneas de telégrafo. Tras la muerte del teniente coronel carlista Joan Francesch Serret durante la ocupación, Agramunt asumió el mando de la partida. También ocupó otras localidades como la Selva del Camp, Vilallonga y Valls, donde quemó los portales de entrada, y Móra la Nova en 1873, donde cobró contribuciones de guerra y cortó los alambres del paso de la barca para presionar a la población.
La crudeza del conflicto se refleja en episodios como el de Vilaplana, donde milicianos isabelinos fueron fusilados por no pagar un rescate, o la apropiación del uniforme y condecoraciones del teniente coronel Maturana por parte de Agramunt. Su talante ultraconservador lo llevó a hacer apalear a un matrimonio en el Perelló por haberse casado civilmente, justificándolo con la frase: "Y are, la religió s’imposa á garrotadas".
Cuando la guerra finalizó en Cataluña en 1875, fue nombrado coronel del regimiento de Gandesa y continuó combatiendo en Euskal Herria. Herido en enero de 1876, se recuperó en el hospital de Irache. El 16 de marzo de 1876, con el exilio del pretendiente Carlos VII, la guerra terminó definitivamente. Agramunt fue encarcelado en Madrid y posteriormente trasladado a las prisiones de Montjuïc y Tarragona, donde llegó en tren el 2 de abril de 1876 y donde se le instruyeron dieciocho causas.
Su encarcelamiento y la derrota carlista llevaron a la retirada de sus licencias sacerdotales por parte del obispo de Tortosa en agosto de 1876, aunque las recuperó un mes después gracias a la intervención del papa Pío IX. Finalmente, marchó al exilio a Francia, donde ejerció como capellán del cementerio de Clichy, cerca de París. Según algunas fuentes, murió asesinado el 2 de noviembre de 1887 por un familiar de una de sus víctimas. Su funeral en Francia se convirtió en una manifestación de duelo por parte de los carlistas exiliados, mientras que la prensa satírica liberal aprovechó la noticia para recordar su fama de "capellán trabucaire".




