El exalcalde de la Seu y exdiputado Albert Batalla describió el acto como un "acto de justicia". La ceremonia, celebrada en Planoles bajo el paraguas de la JNC, reunió a dirigentes de Junts y figuras destacadas de la antigua CDC. Debido a su edad, el discurso de Pujol fue leído por la presidenta del consejo nacional de la JNC, Carlota Monfort, y sonó como un legado político para el catalanismo.
El discurso, dirigido teóricamente a los jóvenes pero con un alcance amplio, subrayó la idea de Cataluña como una "voluntad de ser" e instó al país a mantenerse como un lugar "integrador", capaz de acoger y cohesionar a las personas que llegan de fuera. Pujol advirtió contra las " veleidades extremistas" y enfatizó que Cataluña "vale la pena" a pesar de los retos.
“"Cataluña la ha hecho su pueblo."
Con 96 años, Pujol defendió que la fuerza de una nación reside en la fortaleza de su sociedad, no solo en la política. Advirtió que "ningún gobierno puede salvarla" si una sociedad pierde el sentido de la responsabilidad, la cultura del esfuerzo o la confianza en sí misma. La "construcción nacional", argumentó, trasciende las instituciones y requiere crear conciencia de país.
Instó a superar el "miedo", el "pesimismo" y la "nostalgia", y a fortalecer la idea de que una "nación pequeña solo sobrevive si tiene personalidad". La historia de Cataluña, glosó, es una "historia de persistencia, de resistencia, de reconstrucción", y animó a los jóvenes a prepararse sin depender de "consignas" o "redes sociales".
“"Cataluña es sobre todo una voluntad."
Definiendo Cataluña como una "voluntad colectiva de ser" y una "decisión renovada generación tras generación de no desaparecer", Pujol pidió combatir el "cansancio interior" y la "resignación". Remarcó que la lengua, la cultura, la personalidad colectiva y la libertad de Cataluña "continúan valiendo la pena".
Enumeró los "deberes" de los catalanes, como "mantener la lengua, transmitir una cultura, integrar a la gente que viene de fuera y cohesionar". Subrayó el deber de "trabajar bien, de servir, de no rendirse" y de "servir a Cataluña sin esperar nada a cambio", poniendo el "servicio" y la "contribución al bien común" como meta.
Pujol destacó la capacidad de integración de la sociedad catalana, describiéndola como "plural, diversa, compleja", y afirmó que su fuerza reside en "la capacidad de integrar, de sumar, de hacer sentir partícipes a personas muy diferentes", una "gran victoria histórica" que hay que preservar.
“"Cataluña es una obra inacabada."
En la parte final, admitió "aciertos y errores" pero reiteró que "Cataluña vale la pena". Alertó de que "Cataluña es una obra inacabada" y que cada generación es "depositária", recibiéndola, cuidándola, enriqueciéndola y transmitiéndola. Instó a las nuevas generaciones a continuar esta tarea con "inteligencia, coraje, sentido de la responsabilidad, con amor al país y con esperanza".
Concluyó "confiando una misión" al catalanismo: "Amad Cataluña, que la sirváis, que la defendáis, que la hagáis mejor, que la dejéis más fuerte a quienes vendrán después". Expresó la confianza en que una Cataluña "más culta, más justa, más cohesionada, más consciente de sí misma" hará que "todo haya valido la pena".




