Los bosques catalanes, más vulnerables a los incendios por la sequía

El estrés hídrico de la vegetación y las altas temperaturas incrementan el riesgo de una campaña de incendios más compleja este verano.

Imagen genérica de sequía y riesgo de incendio forestal en Cataluña.
IA

Imagen genérica de sequía y riesgo de incendio forestal en Cataluña.

Los bosques catalanes afrontan un riesgo de incendio significativamente más alto este año debido a la sequía acumulada y las altas temperaturas, lo que complica la labor de extinción.

Los bomberos de la Generalitat advierten que la vegetación se encuentra en un estado de sequedad superior al del año pasado, un factor que prevé complicar las actuaciones contra incendios durante la campaña actual. A pesar de un invierno con lluvias abundantes, la primavera no ha sido lo suficientemente húmeda en muchas zonas, y el mes de mayo ha registrado temperaturas récord. Esta combinación hace temer que las llamas puedan propagarse rápidamente, especialmente al llegar a zonas boscosas.
Según Asier Larrañaga, subinspector del GRAF (grupo especializado en actuaciones forestales) de los Bomberos, la escasez de precipitaciones de los últimos dos meses ha alterado el estado de los bosques. A diferencia del año pasado, cuando las lluvias de mayo ayudaban a frenar los incendios al entrar en zonas forestales, ahora la vegetación sufre un estrés hídrico que favorece una combustión más intensa y una propagación acelerada.
Esta situación supone un reto añadido para los equipos de extinción. Un bosque húmedo ofrece más resistencia al fuego, facilitando el trabajo de los bomberos. El riesgo, que habitualmente se intensifica durante los meses de verano, se ve agravado por la combinación de calor, baja humedad, viento y la disponibilidad de combustible vegetal seco.
En los últimos años, se han observado incendios con velocidades de propagación extremadamente elevadas, llegando a quemar hasta 2.000 hectáreas por hora en casos puntuales como el de la Segarra el año pasado. Estas condiciones reducen drásticamente el margen operativo de los bomberos, aumentando el riesgo para las poblaciones e infraestructuras cercanas.
La preocupación no se limita a los bosques, sino que también se extiende a los terrenos agrícolas. Las grandes llanuras cerealísticas, con el cultivo a punto para cosechar y extremadamente seco, representan otro foco de riesgo durante la campaña de la siega. Por este motivo, se han reforzado las tareas de prevención en Lleida, con el objetivo de evitar incidentes de gran magnitud.