La Casa de la Cultura de Lloret de Mar acoge una nueva exposición que viaja a los orígenes de la industria hotelera del municipio. Una decena de familias propietarias de establecimientos han cedido material histórico, como el primer ordenador de los años 80 o candelabros que se utilizaban cuando faltaba el suministro eléctrico. Postales, vajillas y fotografías antiguas completan la muestra, que pretende explicar no solo el pasado hotelero, sino también la evolución del turismo, la sociedad y la población de la localidad.
Lloret de Mar, uno de los destinos turísticos más importantes de Cataluña, comenzó a promocionarse en los años 50 con la llegada de los primeros visitantes internacionales. Esta apuesta por el turismo transformó radicalmente el modelo económico del municipio. La exposición 'Hotels amb memòria' recuerda estos inicios para poner en valor la conversión de la villa.
La exposición incluye testimonios como el de Josep Maria Garriga i Feliu, hijo del fundador del hotel La Palmera. Explica cómo su familia, proveniente de una tienda de confección, invirtió 9.000 euros (un millón y medio de pesetas) en un solar en Lloret de Mar para fundar un hotel que aún hoy opera con la tercera generación.
Otro de los relatos es el de Maria Rosa Taulina, propietaria del hotel Acapulco, abierto en 1970. Recuerda anécdotas como la falta de inodoros en algunas habitaciones el día de la inauguración, una situación que resolvieron reubicando a los huéspedes. Taulina, que tenía 22 años entonces, describe la experiencia como un aprendizaje constante que permitió al hotel pasar de una a cuatro estrellas.
Anna Maria Gallart, antigua propietaria del hotel Anabel, narra cómo sus padres regentaban el hostal Rosanna. Un turoperador les propuso construir un hotel más grande, pero la quiebra de la empresa les dejó con 236 habitaciones vacías en pleno julio. Tuvieron que buscar nuevos mercados, como el francés, para reducir la dependencia de los turoperadores.
Àlex Portavell, del hotel Rosamar, explica cómo su abuelo compró el hotel Excelsior en 1945 y el chalet Armengol, que se convirtió en el primer Rosamar. Sin cocina propia, Portavell transportaba la comida preparada en bicicleta y un carrito. También recuerda los conciertos de artistas internacionales en los jardines, que ayudaron a posicionar el hotel.
Uno de los elementos más destacados es el primer ordenador, un Epson, que llegó a Lloret de Mar en 1985 al hotel Xainé Park. Josep Martí Utset, propietario, explica que agilizó la gestión de entradas, salidas y contabilidad. Este mismo establecimiento tenía candelabros con velas en los años 60 para suplir los frecuentes cortes de luz, una situación que los clientes europeos se tomaban con humor y que ahora se recupera por ambiente romántico.




