La proliferación de la 'fast fashion' está teniendo un impacto directo en los sistemas de recogida de ropa usada. Entidades como Humana, una organización con presencia destacada en el territorio, están retirando progresivamente los contenedores de donación de ropa que se encontraban en la vía pública en municipios del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre. Esta decisión responde a la dificultad de mantener la viabilidad del servicio.
Según explica Humana, la retirada no se debe a una única causa, sino a una combinación de factores. El sistema de contenedores se diseñó originalmente para prendas de calidad suficiente para ser reutilizadas o recicladas con valor. Sin embargo, en los últimos años, una proporción creciente del material recogido ya no es aprofitable y se convierte en residuo textil de bajo valor.
A este hecho se suma el cambio en los hábitos de consumo, impulsado por la 'fast fashion', que provoca que la ropa tenga una vida útil más corta y se deteriore antes. Esto incrementa el volumen de prendas en mal estado que llegan a los contenedores, complicando la gestión logística y económica. Mantener una amplia red de contenedores públicos puede dejar de ser sostenible si la proporción de ropa aprovechable es demasiado baja.
La voluntad de la entidad es «reordenar» el sistema de recogida para hacerlo más eficiente, concentrando esfuerzos en canales que garanticen mejor la calidad del material. Esto implica reducir los puntos de recogida indiscriminada y potenciar formas de selección o entrega más controladas.
Hace falta más presencia, no menos contenedores
Desde el sector de la gestión textil social, como L’Arada Empresa d’Inserció de Cáritas Diocesana de Tarragona, se defiende una visión diferente. Su gerente, Idoia Jiménez, argumenta que el problema del residuo textil no se resuelve reduciendo puntos de recogida, sino reforzándolos y haciéndolos más accesibles. Destaca que el textil es uno de los residuos con mayor impacto ambiental y que solo se recicla aproximadamente el 15% de la ropa.
Jiménez insiste en la necesidad de una mayor implantación territorial y de facilitar el depósito de ropa en contenedores específicos, como con otras fracciones de residuos. Subraya la importancia de la sensibilización ciudadana y la responsabilidad compartida entre administraciones, consumidores e industria, así como el papel de las empresas de inserción que combinan la recogida con la creación de puestos de trabajo para personas vulnerables.
Reforzar la red de recogida, según Jiménez, no solo incrementaría la reutilización y el reciclaje, sino que también consolidaría un modelo de economía circular con impacto social directo.




