Un viaje modernista inesperado en Terrassa

La Feria Modernista de Terrassa recrea una visita guiada donde el artista Alexandre de Riquer 'reaparece' para explicar su obra.

Imagen genérica de un salón de actos o biblioteca con un atril y sillas vacías, iluminación cálida.
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Imagen genérica de un salón de actos o biblioteca con un atril y sillas vacías, iluminación cálida.

La Feria Modernista de Terrassa ofreció una experiencia única donde el espíritu del artista Alexandre de Riquer 'reapareció' para guiar a los visitantes por su propia obra, generando momentos de sorpresa y nostalgia.

Durante la noche del sábado, decenas de personas se congregaron en la calle de la Vila Nova de Terrassa para participar en una visita guiada nocturna centrada en la obra de Alexandre de Riquer, conocido como el príncipe del modernismo. La sorpresa llegó cuando un hombre, que afirmaba ser el mismo de Riquer, intentó acceder a la que había sido su hogar hace 120 años, con la intención de cenar y descansar. La insistencia del público lo llevó a cambiar sus planes y a liderar el recorrido por las ubicaciones de su obra.
El recorrido llevó a los participantes hacia la actual Casa del Deporte, que el artista recordaba como el Café Catalán, un establecimiento que él mismo había decorado con pinturas modernistas de motivos naturales. Al entrar, de Riquer expresó su disgusto al encontrar un techo blanco donde antes estaba su colorida decoración. Su indignación aumentó al saber que el local era conocido popularmente como “el Brócoli” debido a su diseño.

"¿El Brócoli, le llaman a la mejor obra de arte de Terrassa? Ya hacía bien en dudar de la sensibilidad artística de los tarrasenses."

el artista
A pesar de la decepción inicial, el artista recuperó la esperanza al recordar que en la segunda planta del mismo edificio se conservaba una obra suya. Allí, sin embargo, se encontró con el señor Benet Badrinas, presidente del Instituto Industrial entre 1901 y 1902 y antiguo rival. Su disputa se remontaba a desavenencias económicas y artísticas por unos plafones destinados al salón de actos del Instituto, un proyecto que de Riquer abandonó y que fue finalizado por su amigo, el pintor Joaquim Vancells.

"Sois unos tacaños."

el artista
Después de este incidente, de Riquer invocó a sus musas, representadas en los plafones, para explicar el significado de su obra completa. En el antiguo salón de actos solo se exponen cinco de los ocho plafones, precisamente los que no pintó él. Estos plafones ilustran la historia industrial de Terrassa, desde la importancia de la cultura hasta la industria textil y la resiliencia de la ciudad.
Los tres plafones restantes se encuentran en el comedor de la Casa Alegre de Sagrera. El artista, sorprendido por su ubicación, decidió guiar al grupo hasta el edificio de la calle de la Font Vella. De Riquer tiene una conexión adicional con esta casa, ya que en 1908 dedicó una placa honorífica de bronce a Joaquim de Sagrera. El artista se sintió ofendido al descubrir que la placa, originalmente en el interior, ahora se encuentra en la fachada.
A pesar de los contratiempos, la visita culminó con un momento gratificante cuando Alexandre de Riquer se reencontró con los tres plafones que sí había pintado con sus manos. Estos explican la historia de Terrassa, desde su pasado viticultor del siglo XII hasta su transformación en un centro de comercio de paños de lana en el siglo XV y, finalmente, en una potencia industrial textil.

"Por fin hemos podido ver mi mejor obra en Terrassa."

el artista
La visita terminó con una última sorpresa agridulce. La guía informó a de Riquer que la Feria Modernista de este año estaba dedicada a su figura, pero al mostrarle el cartel publicitario, el artista reaccionó con indignación. Ofendido, declaró su intención de marcharse a Mallorca y no volver nunca más a la ciudad.