Mientras que en Valls los calçots de la temporada ya están listos en febrero, en Lilla, situada a 525 metros de altitud, la cosecha requiere un mes adicional para alcanzar su óptima presencia. Así, los calçots, arrancados los lunes y oreados, se degustarán el 21 de marzo siguiendo el método antiguo de las calçotadas originales, nacidas en las masías cercanas a Valls.
La comida se hará con los comensales de pie en la mesa puesta en la antigua pajarera para los calçots, y posteriormente, el resto de la comida se servirá sentados en las dependencias de la masía. Esta celebración, que reunirá a diez personas, destaca por el uso de productos de kilómetro cero, incluyendo espárragos y huevos de gallinas propias.
La calçotada es la fiesta, y lo que queda es el encuentro. Es el ambiente, la juerga, la jarana, la algarabía. Todo aderezado con banquete, con bebida y con bullanga; con un rey que es el calçot, y la amistad por compañera.
Este encuentro familiar tiene un trasfondo de tradición y amistad, con una historia que se remonta a generaciones. El articulista recuerda celebraciones pasadas y la importancia de la festividad de San José, que antiguamente era fiesta y motivo de grandes comidas familiares y viajes a las Fallas de Valencia.
La noticia también hace referencia al reciente lanzamiento del libro El gran llibre de la calçotada, editado en Valls con fecha de 1 de enero de 2026, que considera la Masia Bou como la casa solariega de este evento gastronómico. Esta obra enciclopédica explora la calçotada como una comida social que ha evolucionado desde encuentros íntimos hasta eventos para cientos de comensales, inspirando incluso la cocina de autor más sofisticada.
La editorial La Torratxa, con diseño e impresión de El Vallenc S.L., ha publicado también una recopilación de recetas de los 15 años de la muestra del calçot. Este libro detalla menús históricos, como el de 1990 con calçots con calamares pequeños, el del año 2000 con alitas de pato mudo, y los postres de 2005 con terrina de calçots y plátano.




