La ermita de Sant Llorenç: historia y tradición en Valls

La ermita de Sant Llorenç en Valls, un lugar histórico con tradiciones arraigadas y leyendas sobre sus aguas curativas.

Imagen genérica de una ermita antigua con un almez delante.
IA

Imagen genérica de una ermita antigua con un almez delante.

La ermita de Sant Llorenç en Valls, situada en la partida de los Boscos, tiene una larga historia ligada a epidemias, tradiciones y leyendas sobre sus supuestas aguas curativas.

Hace muchos años, la ciudad de Valls sufrió numerosas epidemias, lo que llevó a sus habitantes a refugiarse en la partida de los Boscos, un lugar considerado milagroso por la pureza del aire y sus fuentes con aguas supuestamente curativas. Este lugar atrajo a ermitaños cristianos que buscaban una vida de penitencia y contemplación, y fue entonces cuando los vallenses decidieron construir allí una ermita dedicada a Sant Llorenç.
Con el tiempo, la zona de los Boscos se convirtió en un lugar de veraneo para las familias más acomodadas de Valls, que construyeron casas y masías para disfrutar de la tranquilidad y refugiarse en tiempos de enfermedades o guerras. Frente a la ermita crecía un gigantesco almez, que según la tradición popular nació de una rama del mismo árbol donde apareció la Mare de Déu del Lledó.
Las fiestas de Sant Llorenç eran un evento importante en Valls. Era costumbre hacer oraciones y promesas ante el almez, rezar el rosario, cantar gozos y comer las tradicionales cocas de Valls. Los devotos llevaban velas y exvotos como ofrenda al santo. Durante estas celebraciones, la ciudad de Valls quedaba prácticamente desierta, ya que todo el mundo se congregaba en la ermita, a pie o en carro.
La víspera de la fiesta se anunciaba con música por las calles de Valls, acompañada por chicas vestidas de blanco que llevaban bandejas con cocas azucaradas. Al atardecer, llegaban los vecinos de Picamoixons, dando paso al esperado baile de Coques, presidido por el Gigantón Robafaves.