Vivimos en una época en la que todo tipo de personajes se han convertido en embajadores de marcas, a menudo sin proponérselo. Casos recientes como la detención de Nicolás Maduro, que agotó un modelo de chándal, o la afección ocular de Emmanuel Macron, que puso de moda unas gafas de aviador, demuestran la influencia inmediata en el consumo y las modas.
Esta dinámica, hoy amplificada por las redes sociales y el marketing digital, no es nueva. Hace más de sesenta años, el figuerense Salvador Dalí ya había entendido que la notoriedad podía trascender el arte, convirtiéndose en un lenguaje compartido y pionero. Asoció su nombre y su imagen a un producto cotidiano: la Camisa Dalí.
Como figuerenses, esta lucidez visionaria de nuestro vecino más universal no es solo admirable, sino motivo de orgullo: compartimos origen con el primer influencer de la historia.
La alianza de Dalí con la familia propietaria de Confecciones Regojo duró quince años y revolucionó la publicidad y la moda masculina con vocación internacional. Recientemente, Lydia García, estudiosa de la Camisa Dalí, relató esta relación en el Museu del Joguet de Figueres.
El artista cedió su apellido y participó activamente en campañas, convirtiendo aquella prenda de vestir en un símbolo de modernidad, audacia y deseo, rompiendo con los cánones de la época y transmitiendo un mensaje de ruptura con el pasado.




