Descubriendo Cadaqués, el pueblo de cuento a 45 minutos de Figueres

La localidad, un tesoro de casas blancas en el corazón del Cap de Creus, mantiene la esencia del antiguo pueblo pescador y su vinculación con Dalí.

Vista panorámica de un pueblo costero mediterráneo con casas blancas y tejados de pizarra, situado en una bahía rocosa.

Generada con IA: Vista panorámica de un pueblo costero mediterráneo con casas blancas y tejados de pizarra, situado en una bahía rocosa.

La capital del Alt Empordà, Figueres, sirve de puerta de entrada a Cadaqués, una de las villas costeras más emblemáticas de la Costa Brava, famosa por su arquitectura y su vinculación con Salvador Dalí.

Figueres, conocida por su importancia histórica durante la Guerra Civil y su proximidad a la frontera con Francia, es una parada obligatoria. Los visitantes pueden explorar el Castillo de Sant Ferran, la fortaleza de época moderna más grande de Europa, así como la Iglesia de Sant Pere y la Rambla. La ciudad también alberga el Museo del Juguete y el imprescindible Museo Dalí.
A pesar de ser una ciudad de interior, Figueres es el punto de partida ideal para descubrir la diversidad de paisajes del Empordà, donde el mar y la montaña se unen en el Parque Natural del Cap de Creus. Cadaqués se encuentra a solo 45 minutos, y el trayecto ya es una experiencia, ya que la carretera de curvas atraviesa la mitad del parque natural, ofreciendo vistas de bosques mediterráneos y acantilados.
Esta villa costera ha conservado sus estructuras originales, caracterizadas por calles estrechas de piedra y casas de un blanco inmaculado. Cadaqués es el arquetipo del pueblo pescador mediterráneo. Su conexión con el arte es innegable, siendo imprescindible visitar la casa de verano y el taller de Salvador Dalí, una relación que se refleja en muchas de sus pinturas.
Más allá de su encanto visual, Cadaqués ofrece una gastronomía exquisita. Para los amantes de los dulces, es obligatorio probar los 'Taps de Cadaqués', un postre exclusivo que solo se fabrica en la pequeña panadería de Can Cabrisas, convirtiéndose en una compra esencial para los visitantes.
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