Desde que la familia se instaló en el Mas Castellar en 1933, la convivencia con el pasado ibérico ha sido constante. Lo que inicialmente eran hallazgos fortuitos durante las tareas agrícolas de Sebastià Llavanera, terminaron revelando un asentamiento clave que estuvo activo entre los siglos VII aC y II aC. La importancia del sitio fue confirmada por expertos como el doctor Miquel Oliva.
“"Está bien contribuir con la cultura, pero también que ayuden a hacerlo o que no vayan en tu contra."
El actual convenio de cesión, firmado en 1990, podría ampliarse para que el Ayuntamiento de Pontós acceda a fondos estatales. Sin embargo, el propietario condiciona la firma a la mejora del camino de acceso y a la creación de una muestra con piezas originales encontradas en el yacimiento, criticando que hasta ahora solo se ha expuesto material de menor valor.




