En el verano de 1992, con solo diecisiete años, la casa de Francesc Estañol en Cervià de Ter se convirtió en un punto de encuentro para representantes de grandes clubes de fútbol. Equipos como el Zaragoza y el FC Barcelona mostraron un interés notable por incorporar al joven portero, que destacaba con el Vilobí juvenil y la selección catalana sub-17. La presión fue tal que el propio Estañol consideró abandonar el fútbol.
“"No había móviles y mi casa parecía una central telefónica. No paraban de llamar unos y otros y ofrecerme cosas. No tenía representante y en casa nos venía grande. Estaba desbordado."
Inicialmente, Estañol se decantó por el Zaragoza, con la promesa de jugar en el filial, el Aragón, y entrenar con el primer equipo. Sin embargo, poco después, el FC Barcelona, a través de Oriol Tort, intervino para llevarlo a la Masia. Tras negociaciones con el Vilobí, se cerró el traspaso a cambio de una pequeña suma y un partido amistoso del filial azulgrana.
Durante sus dos años en el Barça, Estañol compartió habitación en la Masia con figuras como Iván de la Peña, Francesc Arnau y Óscar Arpón. Posteriormente, jugó en el Barça C en Tercera División e incluso tuvo la oportunidad de entrenar con el primer equipo bajo las órdenes de Johan Cruyff. Recuerda con humor su primer encuentro con el mítico entrenador, donde no entendió nada de lo que le decía.
Después de su etapa azulgrana, donde perdió una final de la Copa del Rey sub-19 contra el Real Madrid, Estañol rechazó una cesión al Almería y regresó a casa para ayudar en el negocio familiar. Continuó su carrera en el Palafrugell durante cuatro temporadas, y posteriormente fichó por el Figueres en Segunda B, donde coincidió con Esteve Moner y tuvo pocas oportunidades de jugar. Colgó las botas en el Sant Jordi Desvalls.




