El escritor y filósofo figuerense Josep Subirós, galardonado con el premio Josep Pla en 1996 por la novela Cita a Tombuctú, fue recordado por su obra, que según la crítica de la época, destacaba por una "hibridación de registros" y un "exceso de enciclopedismo". El escritor Adrià Pujol defendió que el sistema intelectual catalán no estaba preparado para libros como los de Subirós, que rompían las barreras entre disciplinas, una tendencia ahora más aceptada. Pujol señaló que, a diferencia de autores franceses como Claude Lévi-Strauss o Michel Leiris, Subirós no dejó una gran huella en Cataluña por no haberse afiliado a ninguna corriente establecida, quedando relegado a un "rincón" como narrador.
Actualmente, los libros de Subirós son difíciles de adquirir fuera de las bibliotecas. El historiador del arte Enric Tubert está convencido de que "es de justicia recuperarlos". Esta convicción fue el motor para organizar, el pasado sábado en la biblioteca de Figueres, una jornada de homenaje que contó con la participación de la familia, la concejala de Cultura del Ayuntamiento, Mariona Seguranyes, y compañeros de generación. El evento coincidió con el décimo aniversario de su muerte y puso en valor su legado como narrador, comisario de exposiciones, gestor cultural y filósofo, destacando la importancia de sus textos.
La dramaturga y directora teatral Carlota Subirós, hija del autor, subrayó la capacidad de la escritura para "sostener ideas y experiencias a través del tiempo". Recordó cómo el viaje, especialmente a África, fue una pasión central en la vida de su padre, reflejada en sus libros y comisariados. Describió su escritura como "única" y "una sacudida", y destacó su "afán de explicar la realidad" y su "capacidad para mirar a los ojos a otro con confianza", un valor esencial en tiempos "reaccionarios" donde las identidades pueden convertirse en barreras. Enfatizó que de su legado se hereda una "sensación de interrelación e interrogación constante" sobre el mundo.
La concejala de Cultura, Mariona Seguranyes, rescató una cita de Subirós: "La identidad no es nunca una herencia cerrada, sino un proyecto abierto". También recordó sus palabras del pregón de las Ferias de Figueres de 1996, donde juzgaba a las personas "por lo que hacen, por lo que dicen, por aquello por lo que luchan y por aquello que aman", y no por su procedencia. Esta mirada abierta marcó su trayectoria, desde su "familia muy humilde" en Figueres hasta su contribución a instituciones como el MACBA o el CCCB como coordinador de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona y asesor de Pasqual Maragall.
El productor Jordi Balló definió la gestión cultural como "un gesto creativo" y destacó cómo Subirós trabajó en un momento donde "un proyecto cultural, político y de espacio público estaba por definir". Mencionó que Subirós sufrió "incomprensión" pero también practicó la "amistad benefactora", convirtiendo la confianza en un bien común. Su hija añadió que él "creyó que si podía pensar el camino, lo podía hacer".
Durante el acto, el filósofo Jaume Casals conversó con el hijo de Subirós, Pau Subirós, sobre su dimensión filosófica. Su compañera, la filósofa Lali Bosch, compartió recuerdos cotidianos y leyó una carta donde afirmaba que "tu Figueres natal y África [...] fueron dos de los pilares y de los plurales más significativos de tu singular". Bosch recordó cómo Subirós, a través del CCCB, "nos descubrió el África contemporánea" y encontró similitudes entre esta y la Figueres de su infancia.
Enric Tubert concluyó que la jornada permitió "entender al personaje, su visión del mundo, su compromiso con unas ideas, muchas de las cuales hoy tienen una vigencia extraordinaria". A pesar del rico legado de Pep Subirós, muchos asistentes lamentaron la rapidez con la que se extiende el olvido.




