Las acciones recientes de Donald Trump, como la simulación de la conquista de Groenlandia en la red social Truth o sus comentarios sobre el Premio Nobel de la Paz en Noruega, son vistas como meras excentricidades que ocultan una amenaza mucho más profunda. El autor argumenta que calificar estos despropósitos como consecuencia de patologías personales es un análisis superficial y optimista.
El objetivo es dinamitar las democracias parlamentarias desde dentro a base de extender el caos y la confusión, y hacerlo no solo en los Estados Unidos sino en todo el mundo.
Esta estrategia, explicitada en el documento National Security Strategy de noviembre de 2025, busca socavar los cimientos de las democracias occidentales establecidos tras la Segunda Guerra Mundial. El plan se basa en sembrar el caos y vulnerar la legalidad internacional para que impere únicamente la ley de la selva.
Para lograrlo, el documento explicita el apoyo de Trump a los partidos de ultraderecha que se extienden por Europa, incluyendo formaciones como Vox y Aliança Catalana. El artículo menciona a la líder populista Orriols, quien recientemente acusó a Illa de recibir un trato VIP en el Vall d'Hebron.
La columna concluye que el verdadero problema no es la figura de Donald Trump, sino el legado del ideólogo ultraderechista Steve Bannon. Bannon adiestró a los líderes de la ultraderecha europea en un monasterio de Italia durante el primer mandato de Trump, y su influencia perdurará. Cuando Trump no esté, otras figuras como J.D. Vance o Marco Rubio tomarán su lugar como el "matón del patio de colegio".




