El escultor de Roses, nacido en Girona en 1949, regresa a la escena pública con una propuesta que define como "dieciséis presencias". Estas piezas, algunas de las cuales superan los dos metros de altura, han sido confeccionadas con madera encontrada a la deriva o descartada en talleres, otorgando una segunda vida a materiales que habían perdido su utilidad original.
“"Esta madera encontrada es la que me ha mandado, la que me ha dicho lo que tenía que hacer, la manera en que tenía que trabajar."
El proceso creativo de Costa se basa en la escucha del material. El artista ha aprovechado desde raíces de cipreses muertos hasta maderas erosionadas por el mar para crear texturas que recuerdan a la piel humana. La disposición de las obras en el hall del teatro busca que el visitante se integre en este bosque conceptual.




