El análisis de la programación recientemente presentada en el Teatre Municipal de Roses apunta a una falta de coherencia y solidez, dando la sensación de ser un cúmulo de títulos que priorizan el éxito comercial. Esta selección se basa en obras que ya funcionan en otros lugares, sin incorporar riesgo creativo.
En un teatro municipal es totalmente legítimo programar espectáculos que aseguren el público y llenen la sala, pero esta no puede ser la única brújula.
Los críticos argumentan que, si bien la estrategia de llenar la sala es eficiente, convierte el espacio en un lugar de exposición y no de descubrimiento, limitando su potencial transformador. Por ello, se pide una apuesta más firme por la danza contemporánea, el circo de creación, las nuevas dramaturgias y el vínculo con el territorio del Alt Empordà.
Se propone que el teatro municipal debería «activar» la cultura local y comarcal, dando espacio al talento emergente, impulsando coproducciones y residencias. El objetivo es transformar el equipamiento en una plataforma que haga crecer tanto a los creadores como a los públicos, evitando ser solo un contenedor.
Finalmente, se sugiere que los espacios no utilizados del edificio, como salas vacías y despachos, se conviertan en talleres, laboratorios, lugares de ensayo y encuentros con profesionales, para que el Teatro de Roses esté lleno de vida más allá de las funciones programadas.




