La tradicional bajada, que rememora el antiguo oficio de raier, tuvo lugar en el Alt Urgell por tercer año consecutivo durante la primavera, una decisión que asegura un caudal suficiente en el río Segre. Esta práctica, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, disfrutó este año de condiciones fluviales "muy buenas", permitiendo un descenso "tranquilo y seguro", según señalaron las raieras Berta Campanyà y Rosa Maria Vidal.
La Associació de Raiers de Coll de Nargó mantiene su apuesta por celebrar el evento en primavera para garantizar el caudal necesario. Una de las embarcaciones, que inició su recorrido desde el puente de Organyà hasta el Clop de Fígols, experimentó una salida de remera, aunque el trayecto se pudo "salvar", tal como explicó Josep Pérez, uno de los raiers participantes, quien calificó la bajada de este año de "muy divertida".
“"El año pasado el río estaba muy movido, y este año ha sido una delicia y un paseo."
Bernat Peytiví, presidente de la Associació de Raiers de la Ribera del Segre, subrayó que las lluvias del otoño y el invierno contribuyeron positivamente al aumento del caudal del río. Esta circunstancia permitió a los raiers realizar el descenso "prácticamente sin ningún peligro", a diferencia de años anteriores donde tenían que esquivar obstáculos y la falta de agua frenaba las embarcaciones.
Antes de la bajada, que comenzó alrededor de las doce y media, los curiosos pudieron observar los preparativos, incluyendo la picada de redortes para atar los rais, la construcción de las remeras y el montaje final de las embarcaciones. Estas tareas se llevaron a cabo después de una semana de preparación de la madera y los tramos de los rais.
La Associació de Raiers de la Ribera del Segre fue distinguida en 2024 con la Creu de Sant Jordi por su labor en la conservación del patrimonio inmaterial catalán. Este es el tercer año que la tradición es reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. La bajada de Coll de Nargó también incluye un homenaje a las mujeres de los raiers con una ofrenda floral en una fuente del pueblo dedicada a ellas. La jornada culminó con una comida popular en la plaza del Ayuntamiento y una velada raiera.




