La novela de Paco Boya, que ya está siendo traducida al aranés, se adentra en la idea de que la memoria es una reconstrucción y recreación del recuerdo, una historia que pasa por el corazón y la mente del testigo. Esta perspectiva se alinea con el concepto de deber de memoria del filósofo Paul Ricoeur, que entiende la memoria no como una simple descripción del pasado, sino como una refiguración a través del relato.
Así, la memoria personal y colectiva se entrelazan para articular una identidad narrativa dinámica, construida a partir del lenguaje y el tiempo. La obra narra la historia de una familia y del país desde la perspectiva de un testigo nacido en 1960, quien subraya que la Guerra Civil no terminó con el silencio de las armas, sino que continuó presente en las generaciones posteriores, incluyendo el Valle de Arán de su infancia y adolescencia, donde el dinero era un bien escaso y deseado.
Uno de los méritos principales de Bajo el mismo cielo es su capacidad de narrar, con una sintaxis precisa y cuidada, la guerra y la posguerra en la región. A partir de esta herida, se cruzan relatos con acontecimientos como el asesinato de Florentino Tuñón, alcalde de Vielha, que sirve de presagio de la guerra.
La familia y el país vuelven a sufrir en los campos de internamiento donde Francia confinó a los refugiados españoles. El fascismo ganaba terreno sobre las raíces del odio, una "semilla maligna que impregnaba la vida de la gente". Este odio es el que descubre Pepita al regresar a casa, que ha sido saqueada como venganza. Dedicada a Conchita y Manolo, con sus miedos y esperanzas, el autor busca iluminar un pasado de "grisura densa" y, a la vez, nuestro presente, donde la diferencia también se convierte en "motor de odio", un monstruo que amenaza a la humanidad y que es un deber salvar bajo el cielo de la memoria.




