El deporte base es un escenario crucial donde los jóvenes negocian su identidad. La investigadora Maite Puigdevall Serralvo señala que, aunque la escuela garantiza el conocimiento, el uso social se decide en espacios informales. En muchos clubes, el castellano se naturaliza como la lengua habitual entre compañeros, relegando el catalán a contextos formales o adultos.
“"Estas experiencias son centrales en la construcción del vínculo afectivo con una lengua."
El papel de los entrenadores es vital como modelos de referencia. El estudio advierte que el cambio automático al castellano por parte de los técnicos transmite la idea de que el catalán es opcional. Vincular el idioma a momentos de intensidad emocional, como las celebraciones, es clave para que los jóvenes lo sientan como una lengua viva y propia.




