Los aparatos, denominados prismas de auscultación, se han repartido por las fachadas de las casas vecinas y la basílica de la Seu. Estos servirán para medir movimientos horizontales y verticales milimétricos, comparando los datos tomados en diferentes fechas para detectar cualquier alteración durante la excavación.
Esta medida preventiva se toma antes de montar una pantalla perimetral de micropilotes, necesaria para aislar la zona de trabajo donde se llevarán a cabo las microvoladuras. Estas son imprescindibles para perforar el terreno y extraer los 6.000 m³ de roca necesarios para las dos plantas subterráneas del edificio.
El sistema de microvoladuras, previsto para comenzar en marzo, tendrá una duración de medio segundo por detonación, con una carga explosiva máxima de un kilo, y se avisará a los vecinos con sirenas previas.
La excavación alcanzará los 12 metros de profundidad, con la previsión de extraer el 80% de la roca mediante microvoladuras. La parte de las voladuras la gestionará la empresa manresana Pervosa, mientras que la construcción corre a cargo de Cots i Claret y Certis.
La futura sede de la Generalitat en la Catalunya Central, que tendrá un coste de 22 millones de euros, se levantará entre las calles de la Codinella, de Galceran Andreu y la Baixada de la Seu. La duración prevista de las obras es de 30 meses, habiéndose colocado la primera piedra el pasado 11 de octubre.




