El trayecto ferroviario se ha convertido en una aventura diaria donde el Renfebús, el servicio alternativo por carretera, ha pasado de ser una excepción a una norma poco definida. En las estaciones de Manresa y Terrassa, los usuarios esperan sin horarios claros.
Esta situación ha generado una socialización forzada. Mientras en el tren los viajeros se dispersan, en el autobús la proximidad es obligada, compartiendo la inquietud de no saber si llegarán a tiempo a Barcelona o si el trayecto por la C-55 se alargará indefinidamente.
“"Estoy aquí para salir del paso, pero yo no tengo la culpa del desorden."




