La situación actual del emblemático equipamiento del Baix Camp ha generado una fuerte polémica política. El cierre se ha producido sin un calendario claro de reapertura ni una previsión detallada de la inversión necesaria para las reparaciones. Esta parálisis llega años después de que la Generalitat de Catalunya abandonara el consorcio gestor en abril de 2013.
“"El Fortuny vuelve a ser nuestro."
La oposición municipal ha denunciado la falta de transparencia del gobierno local sobre el estado real de la infraestructura. Las críticas se centran en la falta de inversión en mantenimiento preventivo, un factor que habría precipitado la degradación del tejado y los sistemas de seguridad del teatro.




