Organizada por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Calvario, la procesión comenzó poco después de las once de la noche desde la parroquia de Sant Francesc. Tras la concentración y la recogida de hachas, el cortejo recorrió varias calles céntricas de la ciudad, como la calle de Misericòrdia, el raval de Robuster, el Fossar Vell, la calle Major, la plaça del Mercadal, la calle Monterols, la plaça de Prim, la calle de Llovera y la avenida de Prat de la Riba, finalizando en la parroquia de Sant Joan Baptista con una oración.
El rasgo distintivo de este acto, el silencio, fue el protagonista indiscutible. Los asistentes mantuvieron un recogimiento absoluto, solo roto por el sonido grave y constante de los tambores de los Armats de la Reial Congregació de la Puríssima Sang. Con el alumbrado público apagado, la luz tenue de las hachas de los penitentes iluminó el recorrido, creando una atmósfera de intensa espiritualidad.
Los pasos con las imágenes de Nuestro Padre Jesús del Calvario, los Nazarenos y la Virgen del Calvario avanzaron lentamente, rodeados de miradas respetuosas y gestos de devoción. Fieles, vecinos y visitantes siguieron el recorrido, manteniendo el silencio como muestra de respeto y oración.
Instaurada oficialmente en el año 1946, aunque ya documentada en épocas anteriores, la Procesión del Silencio es una parte fundamental del patrimonio religioso y cultural de Reus. Con casi ocho décadas de historia, continúa siendo uno de los actos más significativos de la Semana Santa reusense, transformando las calles en un espacio de contemplación, memoria y tradición compartida.




