El sistema detectado por los agentes consistía en el uso de teléfonos móviles y cámaras camufladas bajo la ropa. Gracias a estos dispositivos, una tercera persona desde el exterior visualizaba las preguntas y dictaba las respuestas a través de auriculares a los examinados, de edades comprendidas entre los 24 y 35 años.
La intervención policial provocó que un séptimo individuo abandonara el aula de forma precipitada tras deshacerse de su examen. Los implicados se enfrentan ahora a una multa de 500 euros y a la prohibición de presentarse a las pruebas de tráfico durante un periodo de seis meses.




