L'Aldea avanza en la transformación de la antigua N-340 en un paseo urbano
El municipio del Baix Ebre licitará nuevas fases de obras por valor de 800.000 euros para cohesionar sus núcleos urbanos.
Por Pere Roca Soler
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Imagen de una avenida urbana pacificada con carril bici y arbolado en l'Aldea
Casi quince años después de que el tráfico pesado abandonara la N-340, el Ayuntamiento de l'Aldea está a punto de iniciar la tercera fase de las obras para convertir la antigua carretera en un paseo urbano que cohesione los núcleos del pueblo.
La transformación de la antigua N-340 en un eje urbano pacífico en l'Aldea, en el Baix Ebre, está a punto de entrar en una nueva etapa. Los ayuntamientos afectados por la antigua travesía, que dejó de recibir el grueso del tráfico hace casi una década y media, continúan trabajando para convertirla en un espacio más amable para los vecinos y comerciantes.
Comerciantes como Mercè Tafalla y su hijo Marc Borràs, la tercera y cuarta generación de un negocio familiar con siete décadas de historia, han sido testigos directos del impacto de la carretera. Desde su tienda, ubicada en el cruce de la antigua N-340 y la N-235, recuerdan el temor inicial ante la desviación del tráfico el 3 de octubre de 2013. El miedo a que el pueblo se convirtiera en un lugar fantasma, con la pérdida de clientes que transitaban por la vía, era palpable.
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"Era muy inhumano: el ruido, la contaminación... Los cristales se ponían negros y cada dos o tres días los tenías que limpiar. Ahora es mucho mejor: estamos más contentos, es más pueblo. Todavía pasan coches, pero es más fluido, es tráfico de pueblo."
Trece años después, los temores se han disipado. Los comerciantes han constatado que, lejos de perder clientes, el entorno más tranquilo y menos agresivo ha atraído a nuevos visitantes. El alcalde de l'Aldea, Xavier Royo, admite que la incógnita era grande, ya que entre el 25% y el 30% del negocio local dependía directamente de la carretera.
A principios de 2019, el gobierno español cedió la titularidad de la travesía al Ayuntamiento, iniciando un proyecto de reurbanización y pacificación de los 2,3 kilómetros de la antigua N-340 y el trazado urbano de la N-235. Las dos primeras fases, que han supuesto una inversión de 1,15 millones de euros y han remodelado 1,5 kilómetros con arbolado y carril bici, ya se han completado. Ahora, se espera licitar la tercera y cuarta fase por 800.000 euros adicionales, con un coste total estimado de 5 millones de euros, financiados con subvenciones y recursos propios.
La transformación ha obligado a los comerciantes a reinventarse, ofreciendo nuevos productos y servicios. La mejora de la movilidad y la reducción del tráfico han permitido que los vecinos y visitantes puedan disfrutar del pueblo con más tranquilidad, eliminando la presión que antes generaba el paso constante de vehículos. Además, la reurbanización ha contribuido a cohesionar los barrios de la Estación y el Hostal, históricamente separados por la carretera.
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"Nadie me ha transmitido que añora la carretera por algún motivo u otro, de ninguna manera, porque el pueblo ha ganado mucho en tranquilidad, se ha pacificado mucho el tráfico."
El alcalde Royo concluye que el pueblo ha sabido superar la pérdida de una arteria que se consideraba vital, ganando en tranquilidad y calidad de vida. El desarrollo del polígono industrial Catalunya Sud también ha sido clave para mantener la actividad comercial en el municipio.